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La Vida de Ligre Capítulo 4

La Conexión con Europa *

 

Tantas veces acudí a ver las actuaciones de ligre por los pueblos de España que el personal del circo dudaba entre darme un carné con descuento o alertar a las autoridades sobre mi aparente interés por estar siempre rodeado de niños. Esa constancia me ayudó a ganarme el aprecio del animal, al que siempre visitaba tras el espectáculo y regalaba cacahuetes, para disgusto del envidioso elefante que en la celda contigua había ido alimentando una creciente animadversión hacia mí en particular y los barbudos en general.
En uno de esos momentos de contacto con la naturaleza me encontraba, tentando al paquidermo con la visión de la bolsita de plástico arrugada y polvorienta de los frutos secos, por si lograba que introdujera la trompa en la jaula del ligre (sólo por ver que pasaba) cuando a mi espalda una voz chillona y alegre interrumpió mi incansable tendencia investigadora:

-¿Pelo se puede sabel que hase?
Me giré bruscamente mientras la excusa germinaba mecánicamente:
– Disculpe, vengo aquí después de las actuaciones…. ¡Hombre, si es usted el domador de ligre!, ¡Llevo tiempo intentando hablarle!



* N. E. Aunque de joven era tímido y retraído, la búsqueda permanente de la verdad ha desarrollado en Samuel un aguzado (por el uso) don de gentes que le permite desenvolverse sin problemas entre las clases más pobres, de renta media e intermediarios. Esa habilidad es la que también le permite contarles el siguiente de los hitos de la existencia de ligre.



El chino enclenque, bajito y amarillo que cada día obligaba a ligre a pedir un café y a pagarlo con tarjeta había sido realmente muy esquivo, pero no iba a desaprovechar esta oportunidad. Arrojé la bolsita de cacahuetes y le abordé entusiasmado:
– Necesito hablar con usted, es fundamental que vea algo y me diga su opinión… pero hasta ahora ha sido imposible.
– No me esstlaña, después de actual tengo que tlabajal en un lestaulante hasta muy talde. Afoltunadamente hoy hubo inspecsión sanitalia y nos dielon la semana lible.
-¿ Espero que no le importe charlar conmigo un rato entonces?
– En absoluto, como no estoy acostumblado no sé que hasel en tiempo lible.

 

 Cinco minutos después estábamos sentados en una de las mesas de la cafetería del circo. A falta de mejores opciones le invité a arroz inflado y un “Nestea”. Mientras él tomaba confianza yo preparaba aquello que le iba a enseñar y guardaba en el maletero del coche: el singular cartel que hallé en un tugurio japonés.

 -¿Qué opina de esto?¿No le resulta familiar?- Los ojos del chino se abrieron hasta casi occidentalizarlo acompañando la metamorfosis con una exclamación de sorpresa.
-Debe de sel muy antiguo. ¡Pol lo menos tenel dos mil años! ¿De dónde sacó usted este caltel?
-Eso… no le interesa todavía- repliqué tajantemente para no confesar que en un prostíbulo-¿Cree que es valioso?.
-No debe costal más de sien pesetas.
-No puede ser, me ha dicho que es muy antiguo.
– Sí, pelo de tienda de sien pesetas. En China invental las tiendas de sien pesetas  hace más de dos mil quinietos años. Pol supuesto allí sel tienda de sien yuanes.
“Éste me la está jugando” pensé, pero decidí seguir adelante
-Y como explica la presencia de ligre… ¿También lo inventaron ustedes?
-Los chinos tenemos expelimentos genéticos desde hace dos mil ochosientos años. Ligle sel muy conocido. Según la tladisión china sus colmillos sel buenos pala aumental el sesso y sus ojos pala encendel falo.
-Pero vamos a ver, ¿es que en la medicina china sólo tienen remedios para la impotencia?¿Cuantos quieren ser ustedes?
-Yo quelía desil que colmillos son buenos pal celeblo y los ojos veldes y blillantes pala iluminal falolas, aunque en China electlicidad se conoce desde hase miles de años, como la implenta o la polvola o…
– Claro…¿Sabe lo que le digo? que me da a mí que los chinos inventaron las fantasmadas hace muchos miles de años también… Si los chinos conocían tantas cosas por qué no las utilizaron para adelantar en miles de años a las civilizaciones occidentales y por ejemplo… vivir ya en Marte donde tendrían más sitio ¿Eh?- creía que una opinión brusca y grosera amilanaría a ese fantasma multimilenario.
-Lo que pasa es que los chinos somos gente educada y no quisimos empezal sin ustedes.
Éste se las conocía todas, así decidí centrarme en lo importante, aunque aquel sujeto comenzaba a calentarme…
-Ah… y ese ligre en concreto que usted doma.¿Es chino también?
-No, fue olvidado en el aelopuelto de Pekín.
-¿Cómo se puede olvidar un ligre?
-Sí, el empeladol de un leino congoleño dijo que si estaba más de dos días fuela del país, tenía muchas posibilidades de sel delocado y el pais quedalia sin ley, (aunque me han dicho que ley nunca tuvo), y como su vuelo iba con letlaso  se montó con todo lo que le dió tiempo a cogel y se fue sin ligle.
-¿Y no lo reclamó después?
– El avión tuvo un incidente al llegal a su país y todos mulielon menos un pasajelo.
– Disculpe- le corregí con la benevolencia irritante del nativo- dirá un accidente ¿no?
– No, no, un incidente, polque al tomal tiela el pasajelo se levantó y con una metlalleta los mató a todos. Pol eso ligle se quedó en China como lefugiado político y el gobielno se lo dió al cilco pala que lo llevásemos a Eulopa no fuese a cundil el ejemplo.
Concluí que esa charla no me llevaría a nada y le regalé el cartel porque afirmó que podían utilizarlo para hacer uno promocional del número.
– Ligle, mitad león, mitad tigle, una joya del “Leino Congoleño” ¿Clee que selía un buena flase pala el caltel?
El mercantilismo sucio con el que hablaba de ligre junto a la charla agria que acabábamos de tener me puso enfermo y no pude reprimir el mascullar –Animal…
-Blillante señol Jonhson…una joya del “Leino Animal”.

No podré olvidar que mientras me iba del lugar surgió su rugido por entre las caravanas aparcadas con desorden en el solar amarillento donde habían acampado… aunque tampoco lo olvidará el pobre elefante que desde ese momento tuvo que comerse los cacahuetes con una pajita.

 

Continuará…

– Escrito por Monty –
Sptiembre de 2003