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La Vida de Ligre Capítulo 2

De la miseria a la riqueza
pasando por Teruel

Comienza la carrera circense del joven ligre por las aldehuelas de las vastas provincias norsureñas del país africano. No estaba teniendo el éxito esperado, tal vez porque un público acostumbrado a huir de los leones de lunes a sábado no deseaba verlo ni enjaulado el domingo. El criador me confesó que se planteaba abandonarlo con frecuencia (dos o tres veces al día), y sin duda hubiese sido ése su destino si el rey de Cunda, pequeño pero próspero y rico estado vecino, no ofreciese a su hija y heredera en matrimonio a aquél que consiguiera hacerla sonreír, ya que no lo había hecho desde que Zubizarreta anunció su retirada de la selección.

Una inabarcable hilera de pretendientes atravesaba las áridas llanuras que rodean la capital de Cunda. La variopinta cola era un muestrario del arte humorístico y entretenerístico. De lo más significativo era la presencia de un mago famoso gracias a su habilidad para sacar de la chistera (en realidad una gorra vieja de coca-cola) conejos gordos y lozanos, para instantes después desaparecer en una densa nube de humo. Según explicaba a sus colindantes aunque aprendió el truco de la chistera en Europa, la segunda parte surgió de la necesidad, ya que la súbita cercanía del casi astronómico roedor para cambiarlo a gastronómico ponía nervioso al público en determinadas épocas del año. Otro de ellos había traducido monólogos británicos al idioma cundiano. Pero a juicio del criador el más curioso resultó su predecesor en la espera, un joven que aseguraba tener ascendencia blanca, y que preveía provocar un estallido de risa general en la sala de palacio cuando bajase su taparrabos delante de la corte y mostrase las penurias de la genética. Y lo más impactante es que esa risa que suscitaría su anatomía obligaría al rey a tomarlo por yerno y heredero, y a la princesa probablemente a no reírse demasiado en lo que le restaba de juventud; como una maldición de las leyendas clásicas. Mientras aguardaba pudo observar en la lejanía como las posibilidades aumentaron bastante cuando un trecho considerable del muro humano fue dispersado o aplastado por el avance implacable de las manadas de ñus que tenían por allí su ruta migratoria.

Los supervivientes a la espera relataron cómo el rey consiguió agarrar y zamparse el conejo antes de que su poseedor pudiese ponerlo a salvo; cómo mandó cortar la lengua del monologante cundiano y cómo (entre carcajadas) ordenó cortar en su integridad al confiado mulato. Así el temor que campeaba en los músculos del criador al situarse frente al trono excedía con mucho al de cualquier opositor en un examen oral (salvando excepciones, claro). El rey junto a la princesa contemplaron maravillados el espectáculo que mi instinto narrador me ha hecho reservar para el momento en que, querido lector, mejor puedas apreciarlo. Y éste era un señor, el criador, que en el desempeño de su oficio había perdido ya una mano, un brazo, un pié, una pierna, la nariz y tres dientes, el cual señor iba casi culebreando junto a su fuente de alimento mutua, que por cierto no le quitaba el ojo al muslo sano mientras babeaba…

Rugió ligre con furia al oler sangre fresca (la del mezclado y separado mulato y el conejo) y el rey, al contemplar a la tremenda fiera de rasgos confundidos hacer esa exhibición  no pudo por menos que exclamar: ¡Vaya animal, se nota que lo has alimentado bien! Provocando la carcajada general por tan ambiguo halago. Tampoco la princesa pudo reprimir una risa estentórea….

Del triste aspecto que tenía el criador cuando hablé con él, deduje que no se casó con la futura reina (de hecho creo que llevaba en la cabeza la gorra raída del mago) aunque él mismo me lo confirmó: Supongo, el adivino real (por cierto ejecutado poco tiempo después contra todo pronóstico incluido el suyo), predijo al rey que su hija se casaría con un vástago de reyes, el cual destacaría por su aspecto diferente, único, unido a una valentía y fuerza sin precedentes. Por tanto el monarca, para no incumplir su regia promesa ni contradecir las adivinaciones casó a su hija con aquel que consiguió hacerla reír y se ajustaba a los requisitos: ligre, hijo del rey de la sabana y del de la selva. Al criador le asignó una pensión vitalicia (que dejaron de pagarle a las dos semanas) además de una práctica guía de vinos con denominación de origen.

Y fue precisamente en un simposio sobre viñedos de la ribera del Tajuña donde le conocí y mantuve la primera conversación sobre la extraordinaria presencia de ligre en su vida: “Parece que le ha marcado bastante” dije sorprendido por su historia mientras le sostenía el catavinos en una degustación. Aún no he llegado a entender por qué mi comentario le enfadó tanto, ni lo que resulta más increíble: ¿Cómo podía oler el vino?

Continuará…

– Escrito por Monty –
Julio de 2003